
Las últimas semanas hemos dedicado tiempo a estudiar toda la armadura de Dios. Hemos visto cómo nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra huestes espirituales que nos atacan con corrientes de pensamiento. En esta semana nos toca meditar sobre la espada del Espíritu.
La espada del Espíritu es la palabra de Dios.
En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Juan 1:1 NTV
Nuestro Señor Jesucristo es la Palabra de Dios hecha hombre. En Lucas 4:1-13 se narra la tentación de Jesús. Cuando estudiamos esos pasajes vemos cómo Jesús nunca contestó al Diablo, sino con la escritura; a diferencia del pasaje de Génesis 3:1-7, donde Satanás habla con Eva, ella no utilizó la palabra de Dios para responderle, sino que siguió su argumento agregando cosas que Dios no dijo. En ambas situaciones el Diablo los tentó con pensamientos y razonamientos con un alto contenido de verdad y un engaño o mentira. La clave del éxito de Jesús fue responder con únicamente la palabra de Dios.
Es interesante que la metáfora utilizada para la palabra de Dios sea la espada, pues es un arma tanto defensiva como ofensiva. Hasta aquí el resto de la armadura que hemos estudiado es defensiva. Y utilizar la palabra de Dios para vencer la tentación es usarla de forma defensiva. Cuando la palabra de Dios es nuestra guía es cuando la usamos para avanzar, o sea a la ofensiva. Si nosotros leemos nuestra Biblia diariamente, y la ponemos en práctica, entonces avanzamos en nuestro caminar con Dios. De igual forma para defendernos de los ataques del enemigo exitosamente, debemos leer y meditar en la palabra de Dios, para conocer al Señor y su voluntad para nosotros.
El propósito de Dios para dejarnos su palabra es que le conozcamos. En la medida que le conocemos, nos será más fácil creer en sus promesas y discernir las acechanzas del enemigo. El crecer en el conocimiento de Dios nos permite estar firmes y mantener nuestra posición, así como avanzar en su voluntad.
Reflexiona
- ¿Leo todos los días mi Biblia?
- ¿Me detengo a meditar en lo que la Biblia me dice cada día?
- ¿Leo y practico la Palabra de Dios lo suficiente para reconocer las mentiras del enemigo?
Oremos
Señor, te agradecemos por tu palabra, esa guía en momentos de prueba y angustia, el alimento de nuestra alma y esa protección contra los ataques del enemigo. Ayúdanos a obedecerte tanto cuando nos va bien, como cuando nos va mal. Recuérdanos cada día quién eres tú y enséñanos un poco más de tu carácter. Amén.
