
Pablo termina la carta de Efesios con una conclusión alentadora. Algunos aspectos de la conclusión de Pablo se parecen a las exhortaciones que los generales daban a sus tropas antes de la batalla. En el AT encontramos muchos cuadros de Israel como guerrero de Dios y Dios mismo aparece como tal con toda su armadura, estableciendo su justicia Isaías 59:17.
En su descripción Pablo omite algunas partes de la armadura de una armadura de soldado romano, probablemente Pablo no tenía ningún propósito especial al relacionar las fuerzas específicas del cristiano con las partes del cuerpo de la armadura 1 Tes. 5:8. Pablo lo que desea es que sus lectores sepan que para ser victoriosos necesitamos de toda la armadura.
Y en el verso 11 Pablo lo enfatiza, al decir “pónganse, revístanse con toda la armadura de Dios…” En el día de batalla, los soldados romanos permanecían firmes en su terreno, sin retirarse, mientras ellos permanecían juntos, no rompían filas, sus legiones eran consideradas prácticamente invencibles.
En el verso 12 menciona que nuestra batalla es espiritual, en el AT algunas personas aprendieron que su batalla era de naturaleza espiritual (Gn. 32:22-32, Dan. 10:10-21), aunque algo importante es que Daniel y Pablo resaltan que la batalla se lleva a cabo en oración, sometiéndose a Dios y haciendo su voluntad y no ir directamente contra los poderes hostiles. En el verso 13 el “día malo” puede referirse en general a cualquier tiempo de juicio o prueba. Ahora ¿Cómo es que podemos estar firmes?
Un llamado a resistir
Entonces, ¿a qué nos llama la Palabra? Dice Santiago: “someteos a Dios y resistid al diablo y huirá de vosotros” (Stg. 4:7). ¿Nota el llamado a resistir? Fíjate también pasaje de Efesios 6. Primero el apóstol nos llama a fortalecernos (Ef. 6:10) para entonces “estar firmes contra las insidias del diablo” (Ef. 6:11 NBLA), “resistir en el día malo, y…estar firmes” (Ef. 6:13 NBLH), y una vez más en Efesios 6:14 “Estén, pues, firmes”. A lo mismo nos llama el apóstol Pedro (1 P. 5:8-9). En la guerra espiritual, la principal labor del cristiano no es atacar: es resistir.
Entonces, ¿cómo resistimos? Cuando Satanás tentó a Cristo en el jardín, ¿qué hizo Jesús? Citó la Palabra. Satanás, el padre de la mentira, ¡no puede resistir la verdad! Lo que él conoce, donde él trabaja, en lo que es experto es en la mentira. Cuando nos sometemos a la verdad de Dios, creyendo Su palabra, él huirá, buscando otra táctica para venir de nuevo.
Resistir a las artimañas de Satanás
Satanás tiene ciertas estrategias o artimañas que se repiten a lo largo de la Biblia y que todo cristiano puede reconocer. Algunas de ellas:
El engaño (Jn. 8:44). A través del engaño, Satanás puede hacernos creer una mentira que entonces se convierte en una fortaleza dañina para nuestras vidas. En este sentido, debemos estar a la defensiva con la Palabra de Dios para no permitir la formación de nuevas fortalezas a través de creer la mentira, pero también debemos estar activamente buscando la verdad y eliminando lo que sea mentira en nuestros pensamientos.
Las tentaciones (Ap. 12:9). Satanás nos ha observado bien, y desde el primer pecado de la humanidad él ha mostrado ser muy astuto (Gn. 3:1). Él ha notado cuáles son nuestras debilidades y nuestros deseos pecaminosos, y él sabe cómo presentar la tentación en una forma engañosa. Él hace que el pecado parezca agradable, posible de realizar sin que nadie se entere, y que pensemos que podemos disfrutarlo por poco tiempo y sin repercusiones. La verdad de la Palabra es que Dios es omnipresente y omnisciente, y aun la oscuridad es como luz para Él (Salmos 139:12). Cuando desobedecemos, estamos levantándonos por encima de Dios y Él resiste los soberbios (Santiago 4:6) Por tanto, ¡resistamos las tentaciones en el poder de Cristo Jesús!
Acusaciones (Zac. 3:1-2). Luego que Satanás logra hacer caer en tentación a un hijo de Dios, o aun cuando el hijo de Dios esté firme en el Señor (como sucedió con Job), él procede a acusarnos: a inculpar nuestras conciencias y a hacernos dudar de nuestro lugar delante de Dios. Ante estas acusaciones, podemos decir gozosamente que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co, 5:17). No solamente nuestros pecados han sido perdonados, sino olvidados (He. 10:17). Y si Satanás nos hace pensar que somos pecadores, sin él notarlo, nos está dando buenas noticias: ¡Cristo Jesús vino al mundo para salvar a pecadores! (1 Ti. 1:15). Entonces no deberemos tambalear, porque aun si matan el cuerpo, nuestra vida eterna está segura en Cristo (Lc. 12:4-5).
La batalla ya ha sido ganada por Cristo en la cruz, donde Él despojó las autoridades triunfando sobre ellos (Colosenses 2:15). Esta sola realización cambia totalmente el tono de nuestro luchar: batallamos con un enemigo que, en última instancia, ha sido derrotado. El diablo no puede forzarnos a hacer nada. Nosotros decidimos en cada evento a quién vamos a servir, a Dios o al mundo. Entender la derrota de Satanás nos librará de sobre enfatizar el poder del maligno (¡es un enemigo derrotado!), y conocer la Palabra de Dios nos llevará a estar alertas ante las asechanzas del diablo, para resistirlo (1 P. 5:8-9). Así que, habiéndolo hecho todo, ¡estemos firmes!
