Tengo hambre de Dios
Antes de leer
Antes de abrir tu Biblia, reconoce una verdad sencilla: así como tu cuerpo necesita alimento cada día, tu alma también.
Haz esta oración:
«Señor, despierta en mí un mayor deseo de conocerte. Dame hambre de tu Palabra.»
Abre la Palabra
Salmo 1:1-3
Lee el pasaje en tu Biblia, en la app de YouVersion, o en el siguiente enlace:
🌐 BibleGateway: Salmo 1:1-3 (RVR1960 y NVI)
Lee el pasaje lentamente. Si es posible, vuelve a leer los versículos 2 y 3 una segunda vez.
Medita
El salmista no describe a una persona que lee la Palabra por obligación.
Describe a alguien que se deleita en ella.
Ese deleite nace de descubrir que, por medio de las Escrituras, conocemos cada vez más al Dios que nos ama y nos habla.
Por eso el hombre bienaventurado vuelve una y otra vez a la Palabra.
No porque alguien lo obligue.
Sino porque allí encuentra al Dios que es la fuente de su vida.
Pregúntate hoy:
¿Qué deseo alimenta más mi corazón: conocer más a Dios o simplemente cumplir con una rutina espiritual?
Para practicar hoy
Lee completo el Salmo 1.
Luego vuelve al versículo 2 y presta atención a esta frase:
«…en la ley del Señor está su delicia…»
Durante el día, cada vez que tengas un momento de espera —en una fila, en el tráfico, antes de una reunión o mientras haces una pausa— en lugar de sacar inmediatamente tu teléfono, recuerda una verdad que hayas aprendido hoy acerca de Dios.
Repítela en tu mente y dale gracias a Dios por ella.
Al final del día, pregúntate:
¿En qué momento de hoy elegí volver mi atención hacia Dios?
Oremos
Padre, gracias porque sigues hablándome por medio de tu Palabra. No permitas que mi lectura se convierta en una rutina vacía. Despierta en mí un hambre cada vez mayor por conocerte, amarte y disfrutar de tu presencia. Amén.
Cuando Dios habla, leemos su Palabra, no para cumplir un deber, sino para encontrarnos con Él.
