¿Qué lo está deteniendo?
January 4, 2009 · Imprimir este artículo
(por Charles F. Stanley)
Cinco pasos esenciales para alcanzar nuestras metas
(tomado de www.encontacto.org)
Cada vez que nos detenemos para analizar las difíciles circunstancias por las que atravesamos, corremos el riesgo de distraernos. Dios no quiere que nos desanimemos con lo que vemos o sentimos. Su deseo es que aprendamos a tomar decisiones sabias. Él sabe que al no hacerlo, perderemos sus bendiciones. Todos, en algún momento, enfrentamos decepciones, grandes desafíos y pérdidas inesperadas; pero eso no significa que debamos permitir que esto envuelva nuestros pensamientos de tal forma que no podamos ver todo lo bueno que el Señor nos ha dado.
El mundo tiene una visión distorsionada del plan de Dios para la humanidad. Es por eso que es tan importante que mantengamos un compañerismo íntimo con nuestro Salvador. Una de las tácticas más usadas por Satanás es engañarnos, para que nos dejemos envolver en los problemas que nos rodean y así perdamos de vista el principal objetivo de nuestra vida. Su deseo es que sintamos temor, pues sabe que de esa manera dejaremos de crecer espiritualmente.
Recientemente escuché a una señora comentar sobre la dificultad que tenía para conciliar el sueño, pues no podía dejar de pensar en los problemas que están aconteciendo alrededor del mundo. La crisis financiera y las incertidumbres en el ámbito político le habían hecho perder el deseo de hacer planes para el futuro. Para los cristianos el porvenir depende del Señor y no de la economía de este mundo. No debemos preocuparnos por lo que va a suceder el día de mañana, ya que tenemos un Salvador amoroso y todopoderoso que ha prometido guiarnos constantemente.
Cuando aprendemos a ver la vida desde el punto de vista de Cristo, comenzamos a mirar al futuro con esperanza. Sabemos que Dios siempre nos da lo mejor para nuestras vidas. Esto es precisamente lo que pasó en la vida de Josué cuando el Señor le ordenó que cruzara el río Jordán. A pesar de los obstáculos, desafíos, penas y dificultades, Dios le había dado a este pueblo promesas irrevocables y se disponía a cumplir lo que les había ofrecido. Estaban a punto de entrar a una tierra que fluía leche y miel (Dt 26.15). Era un lugar lleno de bendiciones, pero iban a tener que seguir sus instrucciones antes de poder recibir ese regalo.
Dios concede nuestros deseos más íntimos
El primer paso es ver las promesas de Dios desde su punto de vista. Cuando Israel se acercó a la tierra prometida por primera vez, no pudo reclamar para sí lo que el Señor ya les había dado. No podían ver cómo el plan de Dios se iba a cumplir en medio de todos los obstáculos que los rodeaban. Había gigantes en la tierra que parecían difíciles de vencer. Si observamos la vida con nuestra limitada perspectiva no llegaremos lejos. Sin embargo, nuestro Creador tiene la capacidad de ver más allá de lo que nosotros lo hacemos. Él sabe lo que tiene que hacer, para que podamos alcanzar aquellas metas que están de acuerdo a su voluntad.
El segundo paso es mantenernos confiados. Una vez que sabemos en qué consiste lo que Dios nos ha prometido, tenemos que actuar confiando en Aquél que nos ha dado estas promesas. Es importante que dediquemos tiempo para conocer más de nuestro Señor, por medio del estudio de su Palabra. Los principios bíblicos nos servirán de guía para alcanzar las metas que nos establezcamos. Depositemos en sus manos cada uno de nuestros sueños y planes.
El tercer paso es mantener una pasión ardiente para ver nuestros sueños hacerse realidad. ¿Estamos seguros de lo que deseamos? Cuando el pueblo de Israel estaba cautivo en Egipto constantemente clamaba por su libertad. Deseaban tener una porción de tierra que fuera de ellos. Dios había puesto este anhelo en sus corazones. Muchas de las metas que nos establecemos en la vida, tienen su origen en el corazón de Dios. Pero si dudamos y nos negamos a continuar avanzando por fe, estamos arriesgándonos a perder lo que Él desea darnos.
Nuestra fe también es probada cuando las dificultades llegan a nuestra vida. Es en esos momentos cuando más deseamos que el Señor nos muestre cada paso del plan que ha trazado para nosotros y que nos asegure que todo va a estar bien. Podemos estar convencidos de que vamos a tener que enfrentarnos a muchos problemas pues vivimos en un mundo corrompido por el pecado. Más Dios desea que continuemos confiando en sus promesas a pesar de las circunstancias.
Israel sufrió una gran pérdida por no haber podido confiar en el Señor. Tuvieron que alejarse de la tierra prometida y pasar los próximos 40 años padeciendo en el desierto. Aprendamos de sus errores y confiemos en que nuestro Padre celestial siempre hará lo necesario, para que esas metas que ha puesto en nuestro corazón se hagan realidad.
Estoy seguro de que todos podemos recordar al menos una ocasión en la que establecimos una meta personal; oramos al respecto; y Dios nos guió a seguir adelante con nuestros planes, al darnos de su paz. El temor y la duda son los enemigos que en más de una ocasión nos han hecho cambiar nuestro curso y alejarnos en sentido contrario. Esto fue exactamente lo que sucedió con el pueblo de Israel. La Biblia nos enseña que al escuchar los testimonios que trajeron los espías, se llenaron de temor. Preferían regresar a Egipto como esclavos, antes que permitirle al Señor que les demostrara su fidelidad.
Fije sus metas y viva por fe
¿Acaso existe alguien más poderoso que Dios? Por supuesto que no. Hay momentos en los que solamente va a permitir que veamos lo que está frente a nosotros. Recuerdo cuando este principio se hizo realidad en mi vida. Había salido en un viaje para tomar fotos, y tuvimos que acampar para pasar la noche. Mientras observábamos el atardecer nos dimos cuenta que pronto estaría tan oscuro que sólo seríamos capaces de ver a pocos metros de distancia. La oscuridad nos envolvió más rápido de lo que esperábamos y a pesar de que el cielo estaba lleno de brillantes estrellas, no teníamos la suficiente luz como para movilizarnos en los alrededores del campamento. Solamente contábamos con la luz proveniente de la fogata y de nuestras linternas, pero esta fue suficiente.
Dios ha prometido a sus hijos guiarles en todo momento. No necesitamos conocerlo todo para confiar en lo que nos ha dicho. Le prometió al pueblo de Israel que les iba a entregar la tierra prometida, pero ellos no confiaron en su Palabra, sino en lo que estaban viendo a su alrededor.
El cuarto paso es trazar un plan detallado. Si deseamos alcanzar nuestras metas, tendremos que dedicar tiempo en oración, para que el Señor nos muestre el plan que debemos seguir. Habrá ocasiones en las que nos pedirá que avancemos lentamente, o a que permanezcamos inmóviles hasta que nos dé nuevas instrucciones. El Señor conoce perfectamente lo que tenemos que hacer para lograr nuestros objetivos.
El quinto paso es determinar una fecha específica para el cumplimiento de esta meta. Cuando comencé a trazar metas para mi vida, me aseguré de dividirlas en tres grupos: Metas a corto, mediano y largo plazo. Y me di cuenta de que Dios usa las metas a corto plazo para animarnos a seguir adelante. En este grupo podemos incluir aquellos objetivos que vamos a cumplir rápidamente. Cada mañana me levanto y hago una lista de lo que deseo lograr durante el día, para luego ir señalando las metas que vaya alcanzado. Si por alguna razón no puedo terminar con todo lo que me he propuesto, lo añado en la lista del día siguiente. Lo más importante que necesitamos tener presente cuando trazamos metas, es que debemos hacerlo confiando en el poder de Dios y no en nuestras habilidades.
Cuando los israelitas estuvieron listos para confiar en el Señor, los trajo de regreso a la tierra prometida. La mayor preocupación que tenían ahora no eran los gigantes o los obstáculos a los que se iban a enfrentar, sino que debían alcanzar aquello que Dios les había dado. Estaban listos para anhelar grandes metas, pues habían dejado de mirar sus limitaciones humanas y ahora confiaban plenamente en las promesas de su Creador.
Nuestro Padre celestial promete ayudarnos a alcanzar nuestras metas. Nos prepara y nos provee de todo lo que necesitamos para cumplir su propósito en nuestra vida. El Señor le dijo a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Jos 1.9).
Con esas palabras en lo más profundo de su corazón, Josué le dijo al pueblo de Israel: “Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión” (v. 11). Este hombre dependía por completo de las promesas de Dios, pues confiaba plenamente en que su Señor no le fallaría jamás. Cuando trazamos metas que están de acuerdo con la voluntad de nuestro Padre celestial y nos comprometemos a confiar en Él, recibimos lo que estamos esperando y obtenemos la victoria.
Lea el artículo en la página del Dr. Charles Stanley, haciendo clic aquí.





Comments
Got something to say?